El hombre lobo, por su buen olfato, fue nombrado para resolver el caso. Entró por un teletransportador y apareció en la escena del crimen, un bar heterosexual en la ciudad Calírroe, en la luna Ganímedes. Sospechaba que la víctima, un mercader de antimateriales de Boston, era un agente secreto que espiaba para los marcianos, por lo cual los principales sospechosos eran los californianos, rivales eternos de aquellos.
El agente lobo inspeccionó la escena hasta el último rincón. Ahí encontró un jirón de tela de un género desconocido. Se inclinó para levantarlo con unas pinzas y meterlo en la bolsa de evidencias, cuando el jirón de pronto cambió de color, se estiró y se lanzó contra el rostro del hombre lobo, que retrocedió, perdió el equilibrio y pisó accidentalmente el teletransportador. Fue así que perdió su pierna derecha, que fue a parar a Febos.
Con el pegajoso retazo de tela aferrado a su cara y sangrando profusamente, el hombre lobo giró como un loco en el bar, saltando en una pierna.
De no haber sido por D'Artagnan, que casualmente pasaba por ahí, los californianos habrían cumplido su cometido.
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