Fábula inverosímil

 
   Digamos por decir algo que había una vez una semilla de trigo que se negaba a germinar. Uno podría preguntarse cómo un objeto inanimado puede tener voluntad y libre albedrío. Uno podría incluso aventurar una hipótesis, pero el caso era que la semilla se negaba rotundamente a germinar.
   ¿Por qué?, cabría interrogar a continuación. No quería porque un zorro le había contado que cuando germine y crezca y dé fruto, los hombres la van a segar y después la van a convertir en paja.
   Esto es, curiosamente, bastante verosímil, si uno decide obviar el hecho de que un zorro, que no es por lo general muy locuaz, pueda comunicarse con una semilla, que ni siquiera tiene orejas.
   "¿Por qué me habría de mentir el zorro, que no tiene cartas en el asunto?", aducía (es un decir), la semilla, sin que nadie le pidiera explicaciones. "Lo que él dice me parece muy verosímil", agregaba, concordando conmigo.
   Sin embargo, esta fábula, al final de cuentas, es bastante inverosímil.