Entrevista en el bosque

   Para desvirtuar los rumores de que estaba mal de salud, el presidente hizo llamar a la prensa.
   El mensaje debe quedar claro , dijo al reportero y al camarógrafo que comparecieron. Les pidió que lo acompañen en su caminata matinal. Les advirtió que la entrevista sería televisada esa noche.
   Los tres caminaron por el sendero de un bosque lindante, mientras el mandamás hablaba de sus años en el ejército, de su tiempo en la cárcel como prisionero político, dando pasos rápidos y enérgicos. El reportero hacía preguntas, el camarógrafo filmaba. 
   Pero, por mirar directo a la videocámara, el presidente tropezó con una raíz y se fue de bruces contra un tronco. Alcanzó a amortiguar el golpe con los brazos, pero se lastimó la mano y la rodilla.
   El reportero hizo al camarógrafo un gesto de cuchillo al cuello. 
   Volvamos a la residencia, muchachos —, dijo el presidente, luego de vendarse la mano con un pañuelo.
   Al llegar llamó al jefe de seguridad y le dio instrucciones.
   Unos agentes decomisaron la videocámara y condujeron a los periodistas hacia una furgoneta sin placa.



      

Tan Kanimono, el silbador

   En este mundo vibrante todo es cuestión de frecuencias, y Tan Kanimono las estudiaba a fondo. Un día encontró lo que buscaba: la cadencia que abría el portal al mundo de los muertos. Desde que su prometida, Hana-no-ami, murió de la peste en la Isla de Okinawa, sólo pensaba ir a verla y consolarla por su trágica y corta vida.
   Tan Kanimono fabricó un silbato de madera, mientras recordaba a su amada el último día que la vio, saludándolo desde la cubierta de un barco que se alejaba. Esperó a utilizarlo el día propicio y en el lugar adecuado: un bosque de cerezos en flor.
  Cuando llegó al más allá, habló con otras víctimas de la peste, pero nadie supo darle noticias. La buscó, con creciente desespero, entre los muertos más viejos, y tampoco dio con sus rastros.
   Finalmente, decidió viajar a la isla y averiguar entre los vivos. Después de muchas pesquisas, la encontró, bajo otro nombre, en un burdel del puerto. Hana-no-ami le contó que el pariente que la había convencido que viniera a Okinawa resultó ser un tratante de mujeres, y que para ocultar su deshonra a sus padres, hizo correr el rumor de que había muerto.
    Tan Kanimono sintió compasión por su amada. Le dijo que pensaría en una solución. Días después  volvió con la respuesta:
    —Este silbato que ves lo usé para buscarte en el mundo de los muertos, y ahora puedo abrir con él los corredores del tiempo. Viajaremos al pasado, al día antes de nuestra despedida. Toma esta nota y guárdala en tu sayo, porque es posible que no recordemos este terrible presente que debemos evitar.
    Tan Kanimono sonó su silbato y los amantes entraron por el portal del tiempo,

El día de los inocentes

    Cuando a Jorge le quedó claro, después de una larga investigación, que Laura lo había engañado con un hombre casado, no se le pasó por alto que lo hizo un primero de abril, como para apuntalar con un insulto la afrenta.
   Exáctamente un año después, Jorge contactó a la esposa del amante de Laura y la puso al tanto de la traición. Las llamadas insistentes de Laura confirmaron que su plan había funcionado.
   —¡Pásenla por inocentes! , gritó Jorge desde su balcón. Sólo lo escucharon unas palomas que levantaron el vuelo.

Un personaje

   Tengo en mente un personaje. Sé en qué historia va a participar, pero no sé cómo se llama, ni en dónde vive, ni si es hombre o mujer. Mucho menos claros tengo los rasgos de su rostro.  
   Y, sin embargo, de alguna manera, ya existe.