Esta mañana me despertó el dolor que me causó un puñetazo que le pegué a la pared.
Alguien me había enfurecido en un sueño, hasta el punto de querer romperle la cara; y me la acercó, dándose palmaditas en el mentón, "aquí, aquí", incitándome a que le pegara con todas mis fuerzas.
Y, por primera vez en un sueño, el objeto de mi deseo no se desvaneció en el instante mismo en que lo alcanzaba, resultando en magulladuras en los nudillos, que todavía duelen.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario