En el país había dos partidos: los rojos y los azules. Cuando los rojos ganaban las elecciones, los azules se ponían extremadamente tristes por no ser los respnsables de repartir la torta. Cuando los azules ganaban, los rojos se enfurecían, acusaban a los azules de hacer trampa y saboteaban todos sus programas.
Esta situación condujo a una guerra civil, que duró generaciones. Tíos y abuelos se convirtieron en generales y contralmirantes, y las mujeres apoyaron el esfuerzo de guerra desde las cocinas y las fábricas.
Con los años, los azules y los rojos ya no peleaban por diferencias ideológicas, sino por el honor. Nadie le perdonaba nada a nadie. Familias enteras se masacraban entre sí en constantes desquites. Después empezaron a matar a los familiares que acusaban de traidores, y el ciclo de venganza incluyó a primos y a hermanos.
La guerra civil terminó cuando los que quedaban vivos pidieron la intervención de un poder extranjero, que terminó apoderándose de la nación.
El nuevo gobierno reformó la constitución y cambió los símbolos patrios: la nueva bandera era la mitad de arriba azul y la mitad de abajo roja, y el escudo nacional lo mismo, pero al revés.
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