Hoy volvimos a salir los tres: mi amigo, su novia y yo. Noté de nuevo que ella me buscaba con la mirada, que estaba atenta a todo lo que yo decía. En un momento, incluso, se acercó con disimulo y su seno rozó mi brazo.
Me pregunté si no estaría imaginando cosas. Pero con una caricia furtiva ella despejó mis dudas.
¿Traicionaría a mi amigo? No enfrente de él, en todo caso. Me hice el que no me enteraba.
Pero esta noche, en la soledad de mi cuarto, no he hecho sino volver una y otra vez sobre la escena, variando en cada iteración los detalles de otros desenlaces posibles.
Lo que pasa en mi mente, se queda en mi mente.
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