El cuento número cien
He escrito noventa y nueve cuentos. O sea que éste sería el número cien.
¿Qué lo diferenciaría de los otros cuentos? Nada, fuera de que completaría la centena.
Otros números sirven de guía, como el siete y el doce, o tienen asociaciones místicas, como el uno y el tres. Pero el cien es fatídico: el centenario de la fundación, la guerra de los cien días, cien años de soledad. Otorga importancia intrínseca, sólo por tratarse del número cien.
Por eso escribirlo es un reto, un hito cargado de fatalidad. El número cien debe ser un cuento bueno. Es más, debe ser el mejor de todos, sin otro motivo fuera de que sería el número cien.
¿Qué subgénero de la ficción breve debería adoptar? ¿Minicuento de terror, metaficción mínima, minicuento en verso, minicuento de ciencia ficción, miniensayo, minisaga, minipoema en prosa? ¿O tal vez habría que inventar otro subgénero? Son demasiadas opciones, pero sólo una será la acertada para escribir el cuento número cien.
Es abrumadora la responsabilidad. Cualquier paso en falso podría llevar al fracaso. Es del todo posible que no llegue a escribirlo.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario