Gozó de un breve momento de gloria literaria en su juventud, cuando ganó un concurso de cuentos. Después, la expectativa de producir mejores textos pesó tanto sobre él, que la página en blanco se convirtió en la peor de sus angustias.
El bloqueo creativo duró años, hasta que una decepción amorosa lo inspiró a escribir tres poemas, que nunca publicó.
Después de eso, nada.
Resignado a su destino de escritor frustrado, vivió una vida insignificante de empleado bancario, hasta el día en que se vió en su lecho de muerte, pugnando por respirar y recordando un sueño que tuvo la noche anterior, en el que recibió, verso a verso, un libro de poemas tan bello y perfecto, que sin duda acaparará la atención de los críticos y el público. Llamó de urgencia a la enfermera y le rogó que anote sus palabras.
—Universo, verso único... —alcanzó a decir, antes de expirar.
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