Zapatos

   Los pares de zapatos cuidadosamente ordenados bajo el escalón del zaguán le decían a Inuki-san quién estaba en la casa. Sabía si sus hijos habían traído a algún amigo del colegio y los dejaba jugar mientras les preparaba una merienda. Más tarde, reconocía los tacones de las sucesivas novias, a las que apoyaba o rechazaba, según la calidad de su calzado. Las botas de su marido hacía años que no descansaban en el zaguán, desde que descubrió, una tarde que salió temprano del trabajo, las zapatillas de su mujer al lado de las alpargatas de un vendedor callejero de pescado.


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