Deflexión

   Hoy me tronché el meñique del pie contra la pata de la mesa.  Maldije la mesa, maldije el meñique, el  universo entero fue acusado de conspirar para causar mi dolor.
  Después, con la mente fría, pensé en el sutil truco que me había jugado mi cerebro. Como un niño que busca endilgar sus culpas a otros, el fallo de cálculo que causó el accidente se transformó en frustración contra un objeto inanimado, otorgándole una voluntad que no tiene.
   ¿Qué nos hace aceptar  por un instante la maldad de una mesa, antes que admitir nuestra propia ineptitud?


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