En vista de la actual polarización de la sociedad alrededor de personajes siniestros y de dudosa reputación, Orozco pensó que lo que el país necesitaba era una posición política que no lo viera todo en blanco y negro.
Un amigo le hizo ver que su partido pronto se dividiría entre los que ven más blanco que negro y los que ven más negro que blanco: entre los partidarios del gris claro y el gris oscuro, con el potencial de subdividirse en otras gamas.
Desistió de la idea.
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