Remolino

    Todas las personas que llegan a cierta edad lo confirman: el tiempo pasa más rápido a medida que envejecemos.
   De niños, la noche del domingo era ominosa, porque sabíamos que por cinco largos días tendríamos que cumplir con los horarios, desde el lunes hasta el lejano viernes.
   Al llegar a la mediana edad. en medio del trajín de la vida, a veces no sabemos si es lunes o martes. "¿Miércoles ya? ¿Tan rápido?"
   Los ancianos,  ya inservibles, a menudo olvidan si están en la primera semana del mes, o la segunda.
   Es como si al final de nuestras vidas hubiera un hueco negro que se traga el tiempo, y a nosotros con él, en una lenta caída que se acelera a medida que converge hacia al centro del remolino.


Teneduría de almas

    Dios asigna su ánima a la gente en el momento en que comienzan a respirar. Como el número de personas aumenta de generación en generación, la tarea de producirlas es cada vez más desafiante. Cada tantos años, Dios se ve forzado a reciclarlas, en vez de enviarlas al purgatorio o al infierno (en los últimos siglos, son menos los que se salvan).
   Siempre que hay un desastre natural que causa decenas de miles de muertos, o una guerra que arrasa medio continente, es porque en el cielo hay una aguda escasez de almas.

Música, maestro

   Mi cerebro es melómano, como yo.  Y sus gustos son parecidos a los míos.
   Antes, mis sesos tenían la manía de reproducir canciones que odio con toda mi alma, o notas arbitrarias como un disco rayado, o la monótona melodía del despertador a la mañana, y por más que lo intentaba, no conseguía dominar sus caprichos. 
   Ya no. Ahora mi cerebro me pone lo que le pido. No siempre recuerda del todo los temas, ni puede tocar todos los instrumentos al tiempo, pero se ha vuelto muy adepto para reproducir a petición buena música.  Y cuando me distraigo y lo dejo poner temas a su antojo, no decepciona. 
   Pero a veces me desconcierta: un día, de la nada, se puso a tocar Zorba el griego, y últimamente, le ha dado por tararear una canción de los Beatles que no escuchaba desde hacía tiempo. ¿Por qué siempre a la mañana, cuando me estoy vistiendo? ¿Qué asociación de pensamientos conduce a ese tema? 
   Pensé que detrás de esa curiosa elección había un secreto terrible que mi cerebro estaba tratando de develar. Pero no. Hoy me di cuenta que Dear Prudence tiene una escala parecida a la melodía del despertador.