Su carácter era muy dócil y nunca causaba una fuerte impresión. Todo aquel que la conocía, olvidaba su nombre de inmediato. Sus padres la abandonaron en el hospital, o tal vez la extraviaron. En el orfanato, sus compañeros se preguntaban todos los días quién era la niña nueva.
Ella se acostumbró a vivir al margen. Hasta su sombra parecía tenue y difusa.
Ahora anciana, teme que la muerte la haya pasado por alto. O tal vez sea su fantasma el que recorre las calles bulliciosas.
Escasamente figura en esta crónica.
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