La jaula

   Gran ciudad. Cinco de la tarde. Mauricio camina por la avenida. Al pasar frente a una cabina telefónica, el teléfono comienza a sonar. Se detiene, mira alrededor, se alza de hombros y levanta el auricular.
   —Hola —, dice.
   —Sabía que contestarías —, responde una mujer.
   Hablan durante algún tiempo. Su voz es joven, de tonos bajos; a veces suena esperanzada, a veces resignada. Mauricio infiere que ella lo está mirando desde una ventana y se anima a invitarla a un café.
   —Nunca me verás la cara —, dice ella, y cuelga.
   

No hay comentarios.:

Publicar un comentario