Luego de descartar el infarto durante una visita a la sala de emergencias, y de intentar curas mágicas contra seres incorpóreos a sugerencia de su madre, Agustín fue al médico y descubrió que el ardor que sentía en el brazo izquierdo se debía a un ataque de pánico, y que se podía curar con una pastillita.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario