Si es cierto que no hay mal que por bien no venga, también es cierto lo contrario. Raro que no se use la expresión en la segunda acepción. Lo más parecido es algo que me dijo una amiga hace mucho tiempo: Después de la risa, viene el llanto.
No hay bien que por mal no venga
Si es cierto que no hay mal que por bien no venga, también es cierto lo contrario. Raro que no se use la expresión en la segunda acepción. Lo más parecido es algo que me dijo una amiga hace mucho tiempo: Después de la risa, viene el llanto.
Pájaro de mal agüero
Una anciana estaba barriendo el antejardín cuando un cuervo se posó en la verja. Negro, con pintas grises en las alas, parecía observarla y de vez en cuando soltaba un áspero graznido.
La mujer lo miró con recelo. No era tan solo un animal para ella, sino un emisario del más allá que anunciaba la muerte. "¡Pajarraco del demonio!", gritó, amenazándolo con la escoba.
El cuervo, que había bajado ahí para buscar comida, graznó y levantó el vuelo.
Al día siguiente la anciana salió de la casa y comenzó a bajar la calle hacia la iglesia. El cuervo la observaba desde su nido, en las altas ramas de un abeto. Los pichones todavía eran débiles y vulnerables, y el cuervo, más aprensivo que de costumbre, veía en la mujer una amenaza. Tomó un piñón de una rama y lo dejó caer justo en el momento en que ella se aprestaba a bajar unos escalones. Por la sorpresa, pisó mal y se fue de bruces contra un sardinel, rompiéndose la nuca.
El pájaro voló hacia el techo de una casa, desde donde pudo ver, sin comprender, la escena que se produjo a continuación: vecinos alarmados y curiosos rodeando el cuerpo, luego la ambulancia y los lamentos de una mujer joven cuando se la llevaban.
Entonces voló hacia el basurero de la esquina a buscar comida para los pichones.
Al día siguiente la anciana salió de la casa y comenzó a bajar la calle hacia la iglesia. El cuervo la observaba desde su nido, en las altas ramas de un abeto. Los pichones todavía eran débiles y vulnerables, y el cuervo, más aprensivo que de costumbre, veía en la mujer una amenaza. Tomó un piñón de una rama y lo dejó caer justo en el momento en que ella se aprestaba a bajar unos escalones. Por la sorpresa, pisó mal y se fue de bruces contra un sardinel, rompiéndose la nuca.
El pájaro voló hacia el techo de una casa, desde donde pudo ver, sin comprender, la escena que se produjo a continuación: vecinos alarmados y curiosos rodeando el cuerpo, luego la ambulancia y los lamentos de una mujer joven cuando se la llevaban.
Entonces voló hacia el basurero de la esquina a buscar comida para los pichones.
Demasiado bueno para ser cierto
Después de dos meses de relación, Jairo tuvo la sospecha de que ese amor perfecto que Laura le demostraba podría echarse a perder.
"La gente dice piensa mal y acertarás", le dijo Laura cuando Jairo expresó sus temores. "Pero yo digo piensa bien y acertarás".
Jairo aceptó la sentencia con la fe de un creyente. Pero, tiempo después, descubrió esa frase en un sitio de internet sobre superación personal. Poco a poco debió admitir que esas conversaciones en las que Laura explicaba el poder del pensamiento positivo tenían la intención de manipularlo y mantenerlo en la oscuridad sobre sus escapadas.
"Esos celos se deben a tu inseguridad y tu baja autoestima", le decía ella. Él, enamorado, prefería creerle.
Finalmente, luego de debatirse más de la cuenta entre sus sospechas y sus sentimientos, Jairo por fin comprendió que debió haber pensado mal, muy mal... e incluso, que en los casos en que había pensado mal, debió haber pensado peor.
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