Doppelgänger II
Arsenio descubrió, leyendo una novela, que uno de los personajes era su doble. Todas las vicisitudes de esa vida ficticia eran idénticas a la suya. Los nombres y los lugares eran distintos, pero ese personaje definitivamente era él.
Leer su vida en la de aquel protagonista le daba una perspectiva ventajosa. Le permitía recordar eventos que en su momento no le habían parecido claves, logrando claridad en el análisis de sus errores y aciertos.
Arsenio hizo una pausa cuando llegó a la página de la novela en la que se describía su situación actual, o sea el momento en que el protagonista descubre, leyendo una novela, que uno de los personajes es su doble: si seguía leyendo, su futuro se le revelaría, y no estaba seguro de querer saberlo.
Decidió leer sólo una página más y luego destruir el libro. El personaje, como era de esperarse, tomó la misma determinación, pero luego de leer medio párrafo sintió pánico y quemó el libro.
El cuerpo de Arsenio fue encontrado achicharrado en medio de los escombros.
Doppelgänger I
Un doble verdadero es aquel que comparte con otro hombre los mismos átomos que conforman sus cuerpos. Pueden ser antípodas o vivir a la vuelta de la esquina. Existe una ley, análoga a una ley cuántica, que no permite que se encuentren consigo mismos. De hacerlo, ambos desaparecerían, sin dejar rastro.
Milagro
Los paganos sitiaban la ciudad y todo parecía perdido. El obispo rezaba y lloraba, postrado frente a la estatua de San Mercurio, que en los tiempos de los romanos había sido un soldado, antes de su conversión y martirio. La estatua portaba lanza y escudo, y el pasado guerrero del santo lo hacía un idóneo patrono protector.
Al día siguiente, la ciudad despertó con la noticia de que las huestes enemigas se habían retirado, y que sus comandantes habían sido encontrados con el corazón atravesado.
El obispo corrió a la capilla para agradecer al santo, y encontró la estatua con las sandalias embarradas y la lanza ensangrentada.
EXAgem
Toda mi vida pensé que lo había dicho para hacerse el interesante. Hasta la semana pasada, cuando, acostado en la camilla de su laboratorio, antes de someterse al procedimiento, me dijo la verdad: lo que me había mostrado no era una gema cualquiera. Era un EXAgem: un dispositivo de memoria de 200 exas que él había inventado y al que se disponía a transferir su consciencia.
"Si lo logro, será la primera vez que un ser humano alcanza la inmortalidad", afirmó. Yo le hice ver que, para realmente vencer a la muerte, era necesario encontrar el método para transferir su consciencia, almacenada en el EXAgem, a un cuerpo humano. Me dijo que ese era su plan, y que yo sería la pieza clave. Había informado a la junta de accionistas que yo me haría cargo de la compañía. No les dijo, sin embargo, que yo completaría la investigación y conseguiría los recursos para la segunda fase. "Debes mantenerla en secreto. No queremos que esta tecnología caiga en manos del gobierno". Siguió hablando por un rato. Luego dijo "confío en tí", activó la transferencia de consciencia y murió.
Hoy he hablado con la junta de accionistas. No fue difícil convencerlos de poner todos los esfuerzos en la comercialización de los productos actualmente en el mercado. Ya di la notificación de despido al director de Investigación y Desarrollo y a todos sus asistentes.
El EXAgem en el que subsiste mi padre hace un excelente centro de mesa.
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