Literalidad I
"¡Me cogió la tarde!", dijo doña Lucrecia, cuando se alistaba para salir de la casa. Y así era: la tarde la sujetaba de las ropas, los brazos, la cintura, el pelo... con tal fuerza que no podía mover ni un dedo. Tuvo que esperar pacientemente a que se olvidara de ella y la soltara, y así poder llegar (tarde) a la cita.
Por suerte, esto tuvo lugar en una ciudad al noroeste del subcontinente austral de América, que si hubiera ocurrido al sudeste, la descripción de la escena anterior habría sido muy diferente.
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