—Porque te amo, he debido traicionar mis principios —dijo ella.
—Y yo he perdido el control de mi vida —respondió él.
Parados frente a frente, mirándose intensamente a los ojos, ambos luchaban con sus consciencias.
—Nos hacemos mal —concluyó él.
—Sobretodo a los que nos rodean —consintió ella.
Pero ninguno de los dos pudo dar la espalda y marcharse. Sin decir más, se lanzaron en los brazos del otro y se besaron apasionadamente, mientras caían sobre la cama.