Rosencranz y Guildenstern han resucitado

    No es la primera vez que les pasa, pero siempre los toma por sorpresa: luego de vivir en el limbo, han aparecido en un texto literario. Primero los invocó William Shakespeare para que traicionaran al príncipe Hamlet, que los manda a matar cuando descubre la trampa que le había tendido el rey Claudio. Luego aparecieron en una obra de W. S. Gilbert en 1874, convertidos en héroes románticos. Más recientemente, en 1966, recobraron su aspecto isabelino en Rosencranz y Guildenstern han muerto, de Tom Stoppard, una comedia absurdista.
   Y ahora, repitiendo un sino trágico, resurgen en un minicuento.
   Tanto nos confunden, que ya no sabemos quién es quién dice Rosencranz.
   No fue Rosencranz el que dijo eso. Fui yo se queja Guildenstern.

San Jorge y el dragón

    Antes de que fuera canonizado a finales del siglo IV, San Jorge fue un soldado romano martirizado por su fe cristiana. Anteriormente había sido una leyenda medio olvidada. Y antes todavía, fue un héroe de la mitología griega: Perseo.
   Antes de ser un dragón, la bestia que acechaba la fuente fue el Diablo. Anteriormente había sido un personaje de mitologías dualistas que requerían de un oponente al bien, un contradictor: Satán. Y antes todavía, fue un monstruo marino en el mito griego, y Leviatán en al Antiguo Testamento.
   San Jorge y el dragón fueron, en su más profundo origen, arquetipos. La razón de esto se pierde en las brumas del pasado.