El curandero

    Una rara enfermedad estaba matando la gente en el poblado. Un curandero que pasaba por ahí notó que la epidemia tenia su origen en un pozo contaminado. Sin pensarlo dos veces, purificó el pozo con hierbas y elaboró un antídoto.
   La gente del pueblo, aliviada de la fiebre, le agradeció y lo recompensó con oro.
   Pero comenzaron las sospechas:
    —¿No es demasiada coincidencia —razonó uno— que haya aparecido justo después de la enfermedad? ¿No la habrá creado él mismo para enriquecerse?
   El rumor se esparció, como la peste. 
   Al final, decidieron expulsarlo y exigirle el reembolso de la recompensa.
   —Nunca voy a aprender —se quejó, camino al siguiente pueblo.

Cuento perdido

   Iba a ser un relato sobre un personaje que construye una máquina del tiempo para deshacer un entuerto. Su esfuerzo fue exitoso. Deshizo la concatenación de eventos que conformaba la trama, y me quedé sin cuento.


El Partido Gris

    En vista de la actual polarización de la sociedad alrededor de personajes siniestros y de dudosa reputación, Orozco pensó que lo que el país necesitaba era una posición política que no lo viera todo en blanco y negro.
   Un amigo le hizo ver que su partido pronto se dividiría entre los que ven más blanco que negro y los que ven más negro que blanco: entre los partidarios del gris claro y el gris oscuro, con el potencial de subdividirse en otras gamas.
   Desistió de la idea.