Su nombre en hebreo, Adam, es un vocablo que evoca otros significados: hombre, tierra, rojo, sangre (adam. adamá, adom, dam). Arcilla roja. Sangre en la tierra. Polvo y ceniza. El creador, con otra palabra multifronte, neshamá/neshimá (alma, respiración, hálito divino) le insufla la vida.
El hombre es tierra, agua y aire, y el dios de la Biblia lo creó combinando palabras hebreas.
O, tal vez, al autor de esa parte de la historia le gustaban los juegos formales.