Elasticidad

    Después de cumplir los sesenta, a Antonio le sobrevino una falta general de elasticidad. El entumecimiento gradual de las coyunturas llegó al punto que no podía tocarse la punta de los pies y le crujía la espalda al enderezarse luego de buscar los zapatos debajo de la cama, y saltar un charco le causaba una onda de choque por el esqueleto y repercusiones dolorosas en las rodillas y las plantas de los pies. 
   Las córneas se le desenfocaban, y ni qué hablar de su mente. Antonio ya no tenía paciencia. Se había vuelto un cascarrabias. Exigía respeto por sus canas. Se había anquilosado, a medida que se había debilitado. "Así", pensaba Antonio, lóbrego poeta que había dejado de escribir, "hasta quedar tieso del todo
." 
   Decidió revertir el proceso: se  metió en una clase de yoga y en otra de tai-chi, extendiendo cada uno de los tendones de su cuerpo. Comenzó a hacer ejercicios de respiración. Al poco tiempo, le dejó de doler la espalda y sus pasos se hicieron más seguros y elegantes.
   Antonio vive ahora con una universitaria que conoció en la clase de yoga, y ha vuelto a escribir versos.


 

 


Insurrección

    Cuando encarcelamos al líder de la rebelión, comenzó la lucha de sus seguidores por su liberación. Tuvimos que meterlos presos a ellos también, hasta que no hubo más lugar en las prisiones y construimos campos de concentración. Pero con el tiempo también éstos se hacinaron, así que se tomó la decisión de ejecutarlos.
   Cuanto más insurrectos matábamos, más se rebelaba la población contra nosotros. Al principio los ejecutábamos de uno en uno. Después en grupos de cinco, luego de diez. Pronto no hubo paredón del largo suficiente. Cambiamos los métodos. Luego los mejoramos. El país entero olía a carne chamuscada.
   El líder espera, todavía, por su reivindicación. La causa requiere sacrificios.