En algún momento en la historia de la humanidad, hubo un primer hombre que pensó que los rayos no sólo había que temerlos, sino también adorarlos; hubo una primera mujer que se cubrió de cenizas y se rasgó las vestiduras en señal de duelo; hubo alguno que intuyó por primera vez que era posible hacer hilos con la lana de las ovejas, como se hacen las cuerdas con las fibras vegetales; y aquel que descubrió que se podían moler las semillas de trigo para hacer harina, y que ésta se podría mezclar con agua para hacer masa de pan.
Otros copiaron sus innovaciones y las transmitieron a las siguientes generaciones, pero no recordaron sus nombres.
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