Deus ex machina
De extremo a extremo de la gran carpa, el acróbata atravesaba el aire haciendo piruetas entre los columpios. Su compañera hacía de pivote, colgada cabezabajo de la barra.
Pero esa noche ella estaba indispuesta y luchaba por mantenerse en el columpio. Cuando su compañero se lanzó dando volteretas en el vacío, un tercer acróbata, que supervisaba el acto desde el ruedo, al ver que ella estaba a punto de caer, saltó sobre un trampolín y voló como un misil, sujetando a la mujer a tiempo para evitar el accidente.
Nadie entre el público, que aplaudía y ovacionaba, vio la mano de Dios manejando los hilos.
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