Horóscopo


   Ella era Libra y él Capricornio. Dos signos compatibles, según ella. Todos los fines de semana leía primero su horóscopo, luego el de él, en busca de un asidero para una realidad que se le hacía cada vez más precaria.
   Un sábado los astros vaticinaron a Libra: "Mercurio está retrógrado en tu casa del amor. Cuídate de las traiciones y la duplicidad". Para Capricornio, en cambio: "Una importante persona del pasado podría volver de repente y sacudir la monotonía de tu vida".
   Ella inició una investigación personal. Buscó en las redes sociales de su marido a viejas amigas, ex novias, compañeras del colegio, y sopesó sobre quién deberían recaer sus sospechas. Vigilaba todo lo que él hacía, controlaba su paradero, buscaba en sus palabras señales incriminantes. El miércoles, cuando intentó revisar su celular, descubrió que había sido bloqueado con una contraseña. El jueves, llegó casi cuarenta minutos tarde a cenar. El viernes dijo que se iba a jugar bolos con los amigos.
   El sábado siguiente, el horóscopo de ella decía: "Tus sospechas podrían ser ciertas. Actúa con prudencia". Y a Capricornio le advertía: "Ten cuidado con lo que haces. Tus actos podrían desatar un karma que después no podrás controlar".
   El domingo ella descubrió en las redes sociales que una tal Bárbara, ex compañera de universidad de su marido, había publicado una foto con él tomada durante el juego de bolos.
   Indagó sobre la vida de ella, averiguó su fecha de nacimiento, leyó su horóscopo. Era ella, sin lugar a dudas. Encontró el correo electrónico de su esposo y, orgullosa de su perspicacia, le envió un mensaje anónimo advirtiéndolo sobre el romance de sus cónyuges.
    El sábado siguiente, el horóscopo de Libra advertía: "Cuídate de las conclusiones apresuradas". Capricornio, por su parte, no debía preocuparse, ya que "las acciones de personas allegadas tendrán el efecto contrario al deseado".
   Poco después, su marido la abandonó.






Deus ex machina


   De extremo a extremo de la gran carpa, el acróbata atravesaba el aire haciendo piruetas entre los columpios. Su compañera hacía de pivote, colgada cabezabajo de la barra.
   Pero esa noche ella estaba indispuesta y luchaba por mantenerse en el columpio. Cuando su compañero se lanzó dando volteretas en el vacío, un tercer acróbata, que supervisaba el acto desde el ruedo, al ver que ella estaba a punto de caer, saltó sobre un trampolín y voló como un misil, sujetando a la mujer a tiempo para evitar el accidente.
   Nadie entre el público, que aplaudía y ovacionaba, vio la mano de Dios manejando los hilos.