"Los chamanes hablan de los animales de poder: espíritus de lobos, pumas o águilas que se hermanan con nuestro ser. Son como dobles que nos permiten experimentar el mundo a través de sus consciencias."
Roberto leyó esta frase en el artículo y confirmó sus sospechas: eso explicaría por qué él, a menudo, imaginaba que era un delfín y surcaba el agua como un torpedo, rompiendo la superficie para saltar por el aire, con sus compañeros de manada, sus lomos brillando bajo el sol.
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