Los gigantes


   Las mitologías de las primeras culturas insistieron en su existencia. La biblia, citando textos perdidos, nos habla de Og, el último de los Refaim, el primer gigante evidenciado en la literatura occidental ("¿Acaso no persiste, hasta nuestros días, la cama de hierro de Og, en Rabat Amón, de doce cúbitos de largo y cuatro cúbitos de ancho?"). La biblia llamó a esos gigantes "los Anakim", que se enamoraron de las hijas de los hombres y procrearon con ellas.
   La mitología griega habla de  los Titanes, como Atlas, Tántalo y Prometeo, y también de cícoples.
   En la mitología nórdica, los dioses derrotaron a los gigantes de hielo. En las américas, cuentan que los misteriosos constructores de Puma Punku fueron gigantes.
   A juzgar por la universalidad de estas historias, diríase que una especie homínida de enormes proporciones habitó la Tierra, en tiempos que se perdieron, y que las mitologias recogieron ecos de las crónicas de sus hazañas. ¿Serían también crónicas mitificadas las historias sobre los dioses?

Reencarnación


   Gamaliel murió y por fin pudo saber si había vida después de la muerte. Partió hacia el más allá por un túnel de luz, y al término de ese viaje astral se vio reencarnado en un  hombre primitivo, en los tiempos en que los homo sapiens apenas comenzaban a rondar la Tierra.
   Obedeciendo una ley misteriosa que regula el tránsito de las consciencias, Gamaliel olvidó su vida anterior, pocos días después de nacer. Creció con una horda de simios hablantes, recorriendo llanuras y bosques en busca de animales para cazar, frutos y raíces, en un mundo primigenio en el que todo estaba por descubrir.
   Hasta un día que, inclinado junto a otros miembros de su tribu sobre el cuerpo de un ciervo, del que arrancaban pedazos de carne con las manos y se los llevaban a la boca, tuvo el vago recuerdo del olor de la grasa quemada.
   Entonces buscó yesca, leños secos y pedernal, y encendió el primer fuego.

Doppelgänger III


   "Los chamanes hablan de los animales de poder: espíritus de lobos, pumas o águilas que se hermanan con nuestro ser. Son como dobles que nos permiten experimentar el mundo a través de sus consciencias."
   Roberto leyó esta frase en el artículo y confirmó sus sospechas: eso explicaría por qué él, a menudo,  imaginaba que era un delfín y surcaba el agua como un torpedo, rompiendo la superficie para saltar por el aire, con sus compañeros de manada, sus lomos brillando bajo el sol.