Patíbulo

   Simón, Juan y Raquel, no mayores de veinte años, se ocultan entre las rocas de una colina con vista al camino a Séforis. Está cayendo la tarde, y a ambos lados de la vía cuelgan los cuerpos inertes de cientos de rebeldes crucificados.  
    Quedamos así, entonces dice Simón . Raquel distrae al centurión mientras Juan y yo bajamos a José.
   A mi siempre me toca lo peor se queja Raquel.
   No hay otra manera, hermana responde Simón, luego de pensar un rato. Lo seduces, le das el vino con láudano y cuidas que no vengan otros.
   Pobre José solloza Raquel. Tres días tardó en morir. Ni siquiera tuvieron la compasión de romperle las pantorrillas.
   Si el césar cree que con estos crueles castigos nos va a disuadir de luchar, se equivoca dice Juan,  apretando los dientes. Pero vamos. Ya las aves de rapiña se están posando sobre sus hombros. Bajemos a nuestro hermano de la cruz y démosle santa sepultura.