Sobre las raíces de las palabras

   Las palabras, señora, comparten con el reino vegetal ciertas características. Tomemos, por ejemplo, la palabra flor. Es la raíz de florecer, florido, florista, florero, floral, desflorar. O sea, de la raíz de las  palabras sale un tallo de donde derivan ramas y hojas con otros significados.
   También se pueden hacer injertos, unir dos raíces para formar nuevas palabras. Es una especie de selección artificial. Podemos, por ejemplo, inventar nuevos conceptos usando combinaciones inusitadas de raíces greco-latinas. Consideremos la raíz lisis, que en griego significa separar, o diferenciar, como en diálisis, análisis, y combinémosla con la raíz grama, que significa palabra, para formar la hasta ahora inexistente lisigrama, es decir, una palabra que causa separación, como cuando uno dice algo que no debió haber dicho a su pareja.
    En este jardín botánico, señora, paso buenas horas de esparcimiento.

El rey rojo

    La obra de Macbeth, llena de brujas, sangre, fantasmas y símbolos tenebrosos, despierta supersticiones  inusitadas entre ciertos actores shakesperianos. Son tantos los que han sufrido contratiempos, accidentes y percances, especialmente durante la escena del banquete en que aparece el ánima acusadora de Banquo, que la consideran una obra maldita y no la nombran, llamándola en vez aquella obra escocesa, ni mencionan el nombre de Macbeth, aludiendo al personaje con el apelativo de El rey rojo.

 

 

La obra fuera de la obra

   El emisario, escondido con otros conspiradores en una torre, al ver al príncipe aparecer en el patio con sus consejeros, ordenó al fantasma que se deje ver paseando por el parapeto. Ceñido con arnés y espolvoreado de harina, el actor caminó en la oscuridad.
   ¡Ángeles y ministros de piedad, defendednos! , exclamó el príncipe.
   ¡Recuerda tus líneas! susurró el emisario. El plan de venganza del rey de Noruega depende de tu actuación esta noche.