Paul Dirac se admiraba de la gran belleza matemática de las teorías de Einstein. Pero cuando su propia ecuación sobre los fermiones predijo, por simetría interna, la existencia de la antimateria, se preguntó: ¿obedece el universo a principios estéticos?
Años después, cuando las antipartículas fueron confirmadas experimentalmente, Dirac debió aceptar que una formulación matemática, más que demostrable, debe ser elegante.